domingo, 11 de mayo de 2008

Soy feliz al verte repetida en mil madres

Daydee Díaz

Nereyda Salazar Verduit, madre de Ramón Labañino, desconocía al morir que su primogénito cumplía la misión de infiltrarse en los grupos terroristas de Miami para proteger a Cuba de acciones violentas allí tramadas y financiadas.

Nena, como cariñosamente la llamaban, falleció hace 10 años, el 18 de mayo de 1998. Cuatro meses después, el 12 de septiembre, el FBI detuvo a Ramón y sus cuatro hermanos de lucha Gerardo Hernández, Fernando González, René González y Antonio Guerrero.

Se trataba de un operativo de carácter político represivo con la finalidad de satisfacer al sector más agresivo y recalcitrante del sur de la Florida, y que ha convertido a ese Estado en la base principal de la guerra contra la mayor de las Antillas.

Los Cinco permanecieron inicialmente incomunicados casi 17 meses en celdas de castigo conocidas como el "hueco", período en que Ramón escribe el poema "Deuda", dedicado al ser que le dio vida y que sirve de marco humano a este inmediato Día de las Madres.

"Madrecita querida, hoy quisiera saldar mi última deuda contigo, pues en el dolor de tu partida no pude decirte quién era realmente tu hijo".

En ese diálogo de pensamientos entre la madre ausente y el Héroe, Ramón se refiere a la Patria que lo vio nacer: "A ella dediqué mi entrega, mi ausencia y todos mis sacrificios. Por honor a ella fue mi silencio y mi deuda sin saldar, aún incluso contigo".

La historia de Nereyda brota en la obra de la Revolución, desde cuando muy joven colaboró como mensajera del Ejército Rebelde en la recogida de medicamentos entregados al campamento serrano de Guamuta, en el oriente del país.

Esta holguinera nacida el cinco de diciembre de 1938 remendó y lavó ropas y brazaletes con la insignia del 26 de Julio, para quienes peleaban por la libertad.

En la humilde casa de Mayarí, junto a sus padres y hermanos, brindó, en varias ocasiones, alimento, alojamiento y atención médica a los guerrilleros. Así lo confirman documentos autobiográficos y testigos consultados en la región.

Con el triunfo del Primero de Enero se traslada a La Habana se incorpora como trabajadora a la nueva sociedad que se construye. Ingresa en las filas de La Unión de Jóvenes Comunistas.

Ya madre de cuatro hijos (Ramón, Laydes, Holmes y Jorge) continuó su faena en las organizaciones de masas y en la defensa.

Esposa, abuela, amiga, campesina, fue querida por todos quienes la conocieron.

Ramón, el primer fruto de su vientre, demuestra con su ejemplo el compromiso de los cubanos de luchar hasta vencer por el bienestar y la soberanía de la Patria, de resistir al más poderoso de los enemigos con la fortaleza de las ideas.

"Si hoy estuvieras, verías en mi pueblo, y en la sonrisa de sus hijos, el porqué de mí mismo, del silencio necesario de un hombre cuando cumple con su amor al destino", plasmó el Héroe en el poema titulado "Deuda".

"Soy feliz al verte repetida en mil madres y banderas, y sé que donde te encuentres contemplarás satisfecha y una sonrisa tierna nacerá en tus dulces labios", expresó.

Eternamente inmortalizada, Nereyda Salazar Verduit trasciende su memoria en el pueblo cada día que su hijo Ramón permanece por Cuba y por el mundo en un encierro injusto, fiel a sus principios, consecuente en la acción, en la conducta ante la vida y en los valores humanos inculcados por la autora de su existencia.

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